martes, 1 de agosto de 2017

reapropiación de la injuria, butler, genet y despentes

Hay un concepto que se llama la reapropiación de la injuria, es propiamente de lo queer. Es el motivo por el cual nos decimos putas, putos, maricas, gordas, disca, agarrás el insulto y lo tomás, te lo apropiás. Ya, yo me estoy diciendo así, ¿qué te pensás que me insulta? Soy disca, soy puta, soy gorda, soy vieja, soy todo eso, ¿cuál es tu problema? Ya no es un insulto, lo transformás. Esa es una de las maneras. Otra manera es la que tiene que ver con el proyecto de Virginie Despentes en Baise moi o Fóllame, que también lo retoma en “Imposible violar a una mujer tan viciosa” de Teoría King Kong. En un momento a la protagonista la están violando y ella ni gime, ni grita, ni llora, ni hace nada. No pone resistencia porque no puede poner resistencia, ya que numéricamente la exceden, pero tampoco manifiesta ninguna reacción. Es como un muerto, como un mueble. La amiga a la cual también la estaban violando le recrimina después “¡¿cómo no te afecta?!” y el personaje le contesta: “Mi vagina está abierta a todo el mundo en esta sociedad, no guardo ahí nada de valor”. Es bien del estoicismo eso. Si la violación es el precio que paga cierta corporalidad por estar en el espacio público entonces no pongamos ningún valor donde sabemos que es muy difícil impedir el acceso, porque es el precio que vamos a pagar. Esa es una segunda posición. Y la tercera posición es la de Genet, que podría ser un resentidólogo, una persona que lo abandonaron sus padres, hijo de una madre adolescente que lo dejó en un orfanato, que se crió de institución en institución, de reformatorio en reformatorio, porque tenía 9 años cuando empezó a delinquir. Un niño psicópata en el mejor de los sentidos. Lo deben haber abusado en todas las instituciones, marica mariquísima, putazo, trolo impresionante, y ¿qué hace con todo eso? Hace un medio metraje que se llama “Canto de amor” que relata una violación. Se trata de una pieza fílmica muda, sin palabras, con imágenes de presos todos sometidos a procesos de racialización o marginalización, negros, latinos o del sur de Italia, del sur del mediterráneo, pobres que están haciendo diferentes cosas en sus celdas de reclusión y aislamiento. Uno baila, otro se masturba, etc. Hay dos que mantienen una relación homoerótica a través de un agujero en la pared y por allí se comunican. Un guardiacárcel entra a la celda de uno de estos dos “amantes”, entre comillas, porque no se han visto, no se tocan y están en celdas de reclusión. Este guardiacárcel entra con un arma a lo que suponemos es una violación. Obviamente la mirada homoerótica también está puesta en el guardiacárcel que va celda por celda a mirar, a fisgonear qué hacen los reclusos. Obviamente en una situación en la que le gusta fisgonear a gente que está privada de su libertad, que es básicamente lo que hace un guardiacárcel, entre muchas otras atrocidades. Mirá que es zarpado Genet, no se priva de contar nada, y no está en cámara la violación. En el momento en que debería estar en cámara la violación, el que está siendo violado con un arma, al que le meten el chumbo por el culo, lleva su cuerpo a un prado en su imaginación, donde se encuentra con su amante que es el preso de la celda de al lado, donde tienen una tarde de besos y abrazos. Es hermoso. Eso es una violación que le pasó a Genet, es obvio que lo violaron, varias veces, muchas. Estuvo preso buena parte de su vida y nunca paró de robar. Entonces vos podés hacer “Cantos de amor” o un manual de resentidología. Esa es la diferencia entre aspirar a ser Genet y ser un pelotudo a cuerda. Yo no voy a ser Genet pero siempre lo miro a ver que está haciendo, porque de tanto tirar para arriba la pelota tal vez la emboco. Tampoco son Mohamed Ali peleando, pero cuando me tengo que sentar a mirar boxeo lo miro a él. ¿A quién voy a mirar? ¿A Floyd Mayweather que le pega a la mujer?
(para Linda Davis)

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